Más de una vez, así como ahora, la memoria se me dispara... se me vuela, y trae todo aquello que yo preferiría que escondiera... pero no hay caso, se ha empecinado en poner ante mis sentidos todos aquellos recuerdos que quisiera no tener... y ahí voy queriendo huir de ellos... siempre me terminan atrapando... y atacan.
Esta manía mía de querer olvidar el pasado... todo en vano. Los recuerdos se ligaron a la espalda, y susurran todo aquello que no quiero oír, me muestran lo que no quiero ver y me hacen sentir lo que no quiero... me van pesando los recuerdos...
Esta memoria tan intacta, tan perfecta, más que privilegio se ha convertido en condena... y yo intentando olvidar lo inolvidable.
¿Para que recordar las decepciones de la infancia, el sufrimiento de la adolescencia y los desencantos de la madurez? Esta memoria mía si que se ha empecinado en castigarme con recuerdos que no quiero tener... ¿para qué recordar tantas decepciones, tantos desamores, tantas palabras hirientes... para qué?
¿Para qué quiero una memoria malévola, que me consume con cada recuerdo? ¿Para que recordar a la madre que no estuvo, al padre que no se interesó, a los hermanos que no estuvieron, al alcohólico golpeador, al señor que puso sus manos donde no debía, al amor que no fue y la muerte del que adoré?.... ¿para qué?.... que martirio esta manía de mi memoria por guardarlo todo... y yo que quiero recordar sólo las pequeñas cosas que me regalaron la ilusión de ser feliz.
María R.
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