lunes, 19 de septiembre de 2011

Amor inmortal


Ayer te vi, nuestras miradas cómplices se conectaron por una fracción de segundo, y con eso alcanzó... sólo con esa gota esurridiza de tiempo bastó para que recordara, así como vos habrás recordado, aquellos momentos que fueron sólo nuestros, aquellas conversaciones que deleitaban a nuestros oídos, aquellas caricias que se asemejaban a un enjambre de mariposas: suaves, tiernas y bellas.                                                                   Me erizó la piel recordarte, así, tan mio; recordar nuestras huidas del mundo que terminaban en noches embriagadas de besos apasionados, caricias desenfrenadas y sábanas revueltas... fuimos tan íntimos, tan nuestros, una sola alma.
Basta con mirarnos para que afloren los recuerdos... todos aquellos besos que nuestros labios mantienen en secreto, todos aquellos momentos que los recuerdos añoran, todos los sentimientos que guardan nuestras almas... aquel amor de adolescentes, nuevo, delicado y puro.
Que nostalgia me provoca el sólo mirarte, nostalgia de haber sido yo misma: sin disfraces ni complejos. 
Ayer que te vi, se me estremeció hasta el alma, vine corriendo y busqué tu carta, aquella carta que me diste poco tiempo después de que te conociera... la leí y sentí que aquel amor se mantuvo intacto todos estos años... en el sobre esta todavía aquel fósforo que me regalaste, ¿te acuerdas?, encendías mis cigarrillos de entonces, y los fósforos se convirtieron en un símbolo representando así todo lo que se puede encender entre dos personas que se encuentran, así como nos encontramos nosotros. 
¿Cómo logramos mantener en secreto nuestros encuentros apasionados que poco a poco se habían convertido en vicio? ¿Cómo escapamos de nuestras vidas, de nuestras parejas? Aquel sentimiento fue capaz de todo, no interesaba mentir con tal de vernos, estábamos ciegos y sordos ante los demás, no importó lastimar a quienes nos querían, sólo importaba nuestro amor.
Si volviéramos a nacer, se que lo haríamos de nuevo... aquel amor cobró inmortalidad. 
Tan dichosos fuimos, dichosos como jamás volveremos a serlo... no se puede pedir más felicidad de la que tuvimos... y para que la rutina no lo desasiera juramos separarnos y atesorar lo vivido por toda la eternidad.
No hacen falta palabras, más que una mirada cómplice.
                                                                                                      María R.

No hay comentarios:

Publicar un comentario