martes, 20 de septiembre de 2011

Incógnita...

Tantos amores y desamores... y no he vivido tanto, tantos sueños y decepciones en tan pocos años. Tantos hombres a los que conocí, y tantos otros a los que olvidé...
Amores pasajeros y aquel amor inmortal... todos vividos en tan pocos años...                                     ¿Sentiré lo mismo cuando llege al doble de mi edad? ¿Mis sentimientos y reflexiones mantendrán la esencia a través de los años? ¿Cuántos amores y desamores seguiré encontrando? Preguntas sin respuestas que generan la dudad de quererlas saber o no... ¿Conoceré al amor de mi vida?... y aquí saltó una duda despiadada y me atravesó en cuerpo y alma: "¿y si lo conocí y lo olvidé?"... una parte de mi quiere convencerme de que no pudo haber sido así, quiere convencerme de que si realmente conocí a mi otra mitad de seguro mis sentidos lo reconocerían... pero otra parte de mi clava la duda tal si fuera un cuchillo... y causa dolor... "¿y sí el amor de mi vida ya pasó?"... duele.
¿y si ya el amor me envolvío con sus alas blancas y no lo presentí?... mi otra parte se pone a la defensiva y ataca... "¿cómo no ibas a presentir lo bello, puro y verdadero?... a lo que mi otra parte desesperanzada y pesimista responde con una interrogante aún más amenazadora y dolorosa: "¿y si estabas ocupada con tu ego y orgullo, si estabas encerrada en ti misma, que no presentiste que el amor envolvía tu alma?... ¿y si tus ansias de encontrarlo te hicieron perderlo?
El amor de mi vida... que gran incógnita.
¿Habrá llegado a mí alguna vez? ¿Llegará?
Queda mucho por vivir... algo en mi interior me dice que cuando la vida se me quiera escapar, cuando la muerte quiera llevarme y de mi último suspiro sabré la respuesta de esta gran incógnita.
                                                                                                                   María R.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Amor inmortal


Ayer te vi, nuestras miradas cómplices se conectaron por una fracción de segundo, y con eso alcanzó... sólo con esa gota esurridiza de tiempo bastó para que recordara, así como vos habrás recordado, aquellos momentos que fueron sólo nuestros, aquellas conversaciones que deleitaban a nuestros oídos, aquellas caricias que se asemejaban a un enjambre de mariposas: suaves, tiernas y bellas.                                                                   Me erizó la piel recordarte, así, tan mio; recordar nuestras huidas del mundo que terminaban en noches embriagadas de besos apasionados, caricias desenfrenadas y sábanas revueltas... fuimos tan íntimos, tan nuestros, una sola alma.
Basta con mirarnos para que afloren los recuerdos... todos aquellos besos que nuestros labios mantienen en secreto, todos aquellos momentos que los recuerdos añoran, todos los sentimientos que guardan nuestras almas... aquel amor de adolescentes, nuevo, delicado y puro.
Que nostalgia me provoca el sólo mirarte, nostalgia de haber sido yo misma: sin disfraces ni complejos. 
Ayer que te vi, se me estremeció hasta el alma, vine corriendo y busqué tu carta, aquella carta que me diste poco tiempo después de que te conociera... la leí y sentí que aquel amor se mantuvo intacto todos estos años... en el sobre esta todavía aquel fósforo que me regalaste, ¿te acuerdas?, encendías mis cigarrillos de entonces, y los fósforos se convirtieron en un símbolo representando así todo lo que se puede encender entre dos personas que se encuentran, así como nos encontramos nosotros. 
¿Cómo logramos mantener en secreto nuestros encuentros apasionados que poco a poco se habían convertido en vicio? ¿Cómo escapamos de nuestras vidas, de nuestras parejas? Aquel sentimiento fue capaz de todo, no interesaba mentir con tal de vernos, estábamos ciegos y sordos ante los demás, no importó lastimar a quienes nos querían, sólo importaba nuestro amor.
Si volviéramos a nacer, se que lo haríamos de nuevo... aquel amor cobró inmortalidad. 
Tan dichosos fuimos, dichosos como jamás volveremos a serlo... no se puede pedir más felicidad de la que tuvimos... y para que la rutina no lo desasiera juramos separarnos y atesorar lo vivido por toda la eternidad.
No hacen falta palabras, más que una mirada cómplice.
                                                                                                      María R.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Memoria Despiadada


Más de una vez, así como ahora, la memoria se me dispara... se me vuela, y trae todo aquello que yo preferiría que escondiera... pero no hay caso, se ha empecinado en poner ante mis sentidos todos aquellos recuerdos que quisiera no tener... y ahí voy queriendo huir de ellos... siempre me terminan atrapando... y atacan.
Esta manía mía de querer olvidar el pasado... todo en vano. Los recuerdos se ligaron a la espalda, y susurran todo aquello que no quiero oír, me muestran lo que no quiero ver y me hacen sentir lo que no quiero... me van pesando los recuerdos...
Esta memoria tan intacta, tan perfecta, más que privilegio se ha convertido en condena... y yo intentando olvidar lo inolvidable.
¿Para que recordar las decepciones de la infancia, el sufrimiento de la adolescencia y los desencantos de la madurez? Esta memoria mía si que se ha empecinado en castigarme con recuerdos que no quiero tener... ¿para qué recordar tantas decepciones, tantos desamores, tantas palabras hirientes... para qué?
¿Para qué quiero una memoria malévola, que me consume con cada recuerdo? ¿Para que recordar a la madre que no estuvo, al padre que no se interesó, a los hermanos que no estuvieron, al alcohólico golpeador, al señor que puso sus manos donde no debía, al amor que no fue y la muerte del que adoré?.... ¿para qué?.... que martirio esta manía de mi memoria por guardarlo todo... y yo que quiero recordar sólo las pequeñas cosas que me regalaron la ilusión de ser feliz.
                                                                                     María R.

Ya no estas...

"Mi reloj se atrasó un largo tiempo... y ahí estas, no se si alegrarme o salir corriendo, sólo te observo, intento sentirte... No dices nada, tu silencio eriza mi piel, alimenta mi angustia y elimina cada una de mis esperanzas... no dices nada... ya ni siquiera me observas, no me sientes.
El grito de mi alma esperanzada pretende llamarte la atención... no hay respuestas, ni una mirada, ni un sólo gesto... mi alma queda desesperanzada, herida y desconcertada, no entiende, sufre y muere.
Sos un desconocido, un desconocido al que una vez amé, aquel al que quise, aquel que era el hombre con mayúscula, ese se fue por el mar abierto, se fue por los espejos, se fue por los olores y los deseos ajenos..  No estas, hace mucho que te fuiste... y yo que no me di cuenta hasta ahora, es que te tenía a mi lado y pensé que estabas, pero tu amor se me había escapado, huyó tras alguna promesa.
Tanto amor que nos dimos, tantas cosas que nos prometimos y el destino que nos dividió un mismo camino. Tantas promesas, tantas ilusiones y todas terminaron en cenizas...
Y yo que te todavía conservo los más bellos recuerdos, las primeras cartas, la pasión y el rose de tus dedos, tu olor y tu voz, así como conservo dentro de un libro la primera rosa que me regalaste,en su momento fue la rosa más bella, olorosa y delicada... hermosa... yo me pregunto ahora que se convirtió en vieja, ahora que no tiene perfume, ¿dejó de ser una rosa?...
¿Lo nuestro habrá sido amor? sino fue amor, entonces nunca lo conocí". MR

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Compañero, amigo y amente

Me miro en el espejo, no veo nada más que ojeras, cansancio y dolor... la sensualidad y belleza se me han escapado... huyeron ante la fuerza salvaje de la furia acumulada de aquel que que tomó mi cuerpo para desquitarse... la juventud parece querer irse.
Las esperanzas acabaron por volverse desesperanzadas y la felicidad se ahogó en la tristeza... y todo por la furia del hombre que creí el de mis sueños... todo se tornó gris... ya no habían sonrisas... el amor nos abandonó y el llanto opto por acompañarme...
Ahora me doy cuenta.... mis sentidos se pusieron alerta... el corazón volvió a latir... te vi, te sentí, te oí.... cada palabra tuya me devolvió la esperanza, fue rescatando mi juventud, mi gracia y cambiaste mi llanto por un montón de sonrisas... me diste fuerzas.
Hoy ya no importa que el hombre que duerme a mi lado descargue su furia y su rabia en mi cuerpo, no importa, no lo siento... cierro los ojos y te veo... ahí, sonriente y dispuesto... no pido más nada mas que tenerte... siempre, cerca y mio..
No importa más nada, sólo los dos... eso vasta.
Ambos pertenecientes a otros... pero somos tan nuestros... tan iguales y tan distintos. Fuimos construyendo una historia, una historia sólo nuestra para que nadie nos arrebate nuestras tristezas y alegrías...
Y ahí vamos: haciéndonos compañía, caminando de la mano sin poder tocarnos y huyendo sin poder irnos.
Nos alcanza con tejer fantasías... nos hace bien imaginarnos juntos y nos hace mal estarlo... pero no importa, esta sigue sigue siendo nuestra historia, tan nuestra, así como lo son las ganas de tenernos, así como se aman los amantes... estamos tan cerca pero tan distantes....
Compañero, amigo y amante... sueños con tus besos aunque para muchos parezcan distantes.                        Tus palabras, tu deseo y tu virilidad han ido devolviendo todo aquello que se fue por los espejos... la sensualidad, la pasión y la juventud quedan hoy amigo mio a tu disposición.

Y yo que te esperaba...


En una fracción de minuto... ataca a mi memoria uno de aquellos recuerdos que una prefiere olvidar, pero no puede, el dolor y las cicatrices se mantienen intactas de tal forma que pareciera que una misma no las quiere olvidar. Ante este ataque despiadado no hay forma de defenderme, los ojos se me nublan... las lagrimas los empañan... y me veo sola y llorando, sentada en una piedra y con no más de seis años... me veo y más lloro, no se qué es lo que más me da tristeza ahora: si recordarme así, triste, pequeña e indefensa o simplemente seguir sintiendo esa tristeza que de grande me sigue asechando.... y ahí me veo tan sola, tan frágil.
Me veo en el tiempo y me veo ahora... me comparo: he crecido ya no tengo seis años.. y sigo frágil, débil y con el dolor acuestas... tantas veces que te esperaba, tantas otras que te esperé y todas las que te espero, nunca llegaste, nunca.
Me fuiste a visitar, pero no llegaste, estabas físicamente, pero no estabas como yo quería que estuvieras... y yo que te esperaba.... yo que quería que me abrazaras... que me mimaras y hasta que me cantaras para dormirme, por mas que ya me acostara sola... pero no llegaste como yo quería...
Ahora más lloro, me apiado de mi misma ,porque pienso en el dolor y la angustia que debo haber pasado cuando me separaste de tu calor, de tu seno que me amamantaba, del sonido de tu voz.... lloro... no comprendo, no comprendo así como no comprendieron nunca mi angustia ni mi llanto en la noche, así como nunca comprendí porque no llegaste.... nunca llegaste, y yo que te esperaba.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Esperando

Esperando que las teclas dejen al desnudo los gritos silenciados de las tantas cosas por decir....
No sale nada, la angustia acumulada ahoga las palabras, aumenta el nudo en la garganta y pone en tensión cada músculo....
Y así pasan las horas, los días... el reloj corre y no se detiene... no perdona.
Duele, quema y finalmente mata, lento, muy lento, pero mata... y así pasa el tiempo, uno espera y se va esperando.
Las alegrías se nos escapan, el llanto ya no nos desahoga, no nos quita el peso que de otra forma no nos quitaríamos. La tristeza se hace grande y se nos achica el alma y pasa el tiempo, y este no nos perdona.
Lo que callamos nos consume, pero muchas veces lo que decimos hiere, desmoraliza y finalmente mata.
Y así vivimos: ahogados, siendo consumidos por las tantas cosas sin decir, matando con las tantas que decimos y muriendo de apoco con las otras tantas que escuchamos...
Ojo por ojo... y así estamos: lastimando para que nos lastimen... 
Mucho sufrimiento para tan poca vida, mucho dolor para tan pocas alegrías... y el tiempo corre y no nos perdona.... muchas cosas por enmendar en tan poco tiempo.
La tristeza de hoy más toda la de ayer sí que ahoga... y el reloj que no nos perdona.
Y así estamos, así estoy yo, queriendo enmendar... y el reloj que no perdonó, el llanto que no me desahogó y las alegrías que no llegaron y los sufrimientos que se sumaron; así estoy yo, esperando, simplemente esperando. 
Este dolor sí que duele, de verdad quiere matarme y yo casi ya vencida solo atino a mirar al ángel que está a mi lado, a esos ojitos luminosos que prometen la espera del tiempo, el desahogo del llanto, y lo más importante lascalegrías por venir...