domingo, 30 de marzo de 2014
TARDES FELICES...
“En mi memoria atesoro aquellas tardes de mi niñez: un sol que siempre parecía estar radiante, arboles que danzaban al compás del viento que dulcemente jugaba con mi pelo… Cierro los ojos y me parece oír la melodía de un montón de pájaros, el sonido de cientos de hojas sacudiéndose y las risas de aquella niña que fui… En mi memoria… me recuerdo dulce y delicada, sin prisa y sin miedos… muy diferente a la que soy ahora. A mi mente vienen los recuerdos como una imagen nítida, clara, precisa: me veo… sosteniendo en mis manos pequeñas de entonces, aquella cosita diminuta, delicada, blanca y sumamente liviana, tanto, que con un leve soplo parecía esfumarse por el cielo… sumamente maravillosa… No hubo vez que los encontrara y que no pidiera un deseo… y un leve soplido elevara aquello, que recuerdo bien llamaba “Panadero”… Muchos deseos pronunciaron aquella voz suave y tímida de entonces… deseosa de que se cumplieran… aquella niña ingenua, en sus días de tristezas interminables sabía ser feliz por las tardes. Aquellas tardes fui feliz… soñé con escaparme del mundo, con perderme como lo hacían los “panaderos”, que el viento me meciera y llevara donde quisiera. Es inevitable recordar aquellas tardes sin que las lágrimas afloren y sin que se me erice la piel… En mi memoria quedó ese recuerdo tal si fuera una bella pintura, de colores armoniosos y de una dulce sintonía… y por mas que lejos estoy de mis 5, 6 y 7 años, por mas que hoy sepa que aquello que se elevaba hacia el cielo tan maravillosamente era tan solo una semilla de “Diente de León”, me resulta, aun inevitable ver uno, pedir un deseo y querer perderme al apar de esa cosa que aun me resulta tierna y maravillosa”MR
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