En el corazón no se manda", me dijo, y me besó como si quisiera demostrarme que el suyo me amaba intensamente... no hubo un te amo, ni un te quiero pronunciado con su voz, pero su cuerpo, cada caricia, cada movimiento fue poesía, fuego, fue amarnos sin decirlo... y desde entonces es extrañarnos sin demostrarlo, vernos sin mirarnos... quererlo y esperarlo aun sabiendo que no debo...
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