Para qué mentirte... no sabes el miedo que tenía cuando supe que venías en camino... cada día me parecía más y más difícil... ¿ qué iba a ser yo con hijo? ¿Cómo lo iba a cuidar?, ¿qué le iba a dar?, ni secundario había terminado...
No sé bien en que momento sentí cosquillitas en la panza, no sé... pero lo que sí sabía era que me comenzaba a gustar la idea de que llegaras a mi vida... cómo explicarte lo que sentí cuando te ví, a través de aquella pantalla, tan chiquita, de solo milímetros, y con tanta vida... y cómo explicarte la alegría inmensa que me abrazó cuando pude oír tu corazoncito!! ahora no encuentro palabras para explicártelo, así como no las encontré en ese momento.
Mi panza crecía, así como crecías vos, así como crecían mis ganas de tenerte, de tocarte, besarte y protegerte.... ¿cómo explicarte?
Cada uno de mis latidos se acompasaban con los tuyos, cada respiro mio hacía a los tuyos... jamas volví a sentirme sola... ¡con que ganas te esperé!
Quería que el tiempo volara, quería que nos conociéramos y que nos siguiéramos haciendo compañía. Noches y días imaginando tu caríta, soñando con el esperado y ansiado encuentro.
El día había llegado... que mezcla de nervios, miedo, ansiedad y mucha felicidad; y yo que no sabía que una podía tener tantos sentimientos a la vez... yo no deseaba rosas, ni riquezas, ni un viaje a la luna, y tampoco eternidad... sólo deseaba tenerte.
Mis ojos se humedecen, la piel se eriza y el corazón se estremece al recordar ese primer llanto que hacía a tu primer respiro...
Tan pequeña y tan llena de grandeza, tan llena de vida y luz... ver tu carita, escuchar tu llanto y acariciarte inspiraba paz, tanta paz que el universo mismo la podría haber sentido. En ese momento supe que los angelitos existen, no había nada inigualable en el mundo.
Desde el momento en el que te sentí, todas mis inquietudes encontraron respuesta... sabía lo que haría contigo: vivir la vida, disfrutarte, cuidarte y educarte con todo el amor del mundo. Sabía cómo te iba a cuidar: como el tesoro más preciado, como el diamante más delicado. Sabía lo que iba a darte: amor hasta el último de mis días.
Hoy tienes tres años cumplidos... mi vida también: desde tu llegada la vida empezó a ser vida, las alegrías nacieron y el dolor se esfumó con aquel primer llanto.
Hoy, mañana y siempre sentiré que el cordón umbilical nunca se cortó... ambas estamos unidas, dándonos vida; si eres feliz soy feliz, si te haces daño me haces daño.
Angelito de mi vida, princesita de mi corazón, muñequita de mis sueños ¿cómo explicarte con palabras todo mi amor por ti?
María R.
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