que hay heridas que jamás se curan y otras que sanan cuando escuchan las palabras correctas…
La vida me enseñó que sin sueños no hay historia que se escriba… que sin metas no hay destino… Vivir me fue enseñando que lo que parecía imperdonable... se puede perdonar, aunque lejos esté olvidar… De la vida aprendí a andar a paso lento… con la prisa necesaria para llegar... con la mochila liviana para disfrutar de lo simple y recorrer lo complejo… liviana para que el viento me lleve a donde quiera llevarme…” MR